El Auyantepuy, la niebla y el pueblo Pemón: los elementos que hacen único al Salto Ángel
Los elementos que hacen del Salto Ángel un lugar tan resaltante comienzan con el Auyantepuy, la imponente montaña de cima plana de la cual se precipitan las aguas del Kerepakupai Vená. Desde lo alto de este tepuy, el agua se lanza al vacío creando una cortina de niebla que puede verse a kilómetros de distancia.
El Auyantepuy, la montaña sagrada de los Pemones, de donde nace el Kerepakupai Vená.
Al caer, el Salto Ángel genera un microclima único en la base, donde la vegetación crece exuberante y el arcoíris suele aparecer como parte del espectáculo natural. La fuerza del agua al impactar crea una brisa constante que refresca toda el área y mantiene la humedad característica de la selva.
La enorme altura del Salto Ángel hace que el agua se pulverice en una niebla que envuelve toda la base.
En la cima del Auyantepuy habitan especies únicas en el mundo, como plantas carnívoras del género Heliamphora. Estas plantas, adaptadas a suelos pobres en nutrientes, han evolucionado para atrapar insectos y complementar su alimentación, siendo un ejemplo fascinante de endemismo en los tepuyes.
La Heliamphora, planta carnívora endémica de los tepuyes, solo existe en este rincón del planeta.
Los aportes del Salto Ángel a la comunidad son invaluables. En primer lugar, es la principal fuente de ingresos para las comunidades pemones asentadas en Canaima y sus alrededores. Guías, artesanos, cocineros y transportistas derivan su sustento de los visitantes que llegan para conocer al Kerepakupai Vená.
La artesanía pemón refleja la conexión cultural con su territorio y es sustento para las comunidades.
En segundo lugar, la fama mundial de esta cascada ha puesto en valor la cultura pemón, generando un interés por sus tradiciones, su lengua y su visión del mundo. Gracias al Salto Ángel, el mundo entero está aprendiendo a decir Kerepakupai Vená y a reconocer a sus verdaderos custodios.





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