Kerepakupai Vená: La historia sagrada del Salto Ángel
Mucho antes de que el mundo conociera esta maravilla como Salto Ángel, las comunidades indígenas Pemón, habitantes milenarios de la Gran Sabana, ya la veneraban con un nombre sagrado: Kerepakupai Vená, que en su lengua significa "salto desde el lugar más profundo" o "caída grande del lugar profundo". Para los Pemones, el imponente Auyantepuy, la montaña de la que se precipita el agua, era considerado un lugar sagrado y misterioso, conocido como la "Montaña del Diablo" o el hogar de los mawariton, espíritus malignos, por lo que rara vez se aventuraban a escalarlo.
La historia occidental de la cascada comienza a principios del siglo XX. Aunque se cree que el explorador venezolano Ernesto Sánchez La Cruz la avistó en 1910, fue el cartógrafo catalán Félix Cardona Puig quien realizó las primeras exploraciones documentadas al Auyantepuy entre 1927 y 1937. Sin embargo, sería el piloto estadounidense James "Jimmy" Angel quien, en 1937, acapararía la fama mundial tras un accidentado aterrizaje en la cima del tepuy.
En 1937, mientras buscaba supuestos lechos de oro, Jimmy Angel intentó aterrizar su avioneta El Río Caroní en la cima del Auyantepuy. La nave quedó hundida en el fango, y él, su esposa y dos acompañantes tardaron 11 agotadores días en descender la enorme meseta.
Pero la hazaña científica más importante llegaría años después, de la mano de la fotoperiodista y exploradora estadounidense Ruth Robertson. En 1949, Robertson lideró una expedición que logró llegar por primera vez a la base del Salto Ángel, acompañada por el explorador letón Alejandro Laime y un grupo de indígenas Pemón.
La exploradora Ruth Robertson (izquierda) y su equipo realizando mediciones en la base del Salto Ángel en 1949 (derecha). La expedición confirmó a la cascada como la más alta del mundo.
Allí, con la ayuda de instrumentos topográficos y del ingeniero Perry Lowrey, realizó la primera medición precisa de la cascada, estableciendo su caída ininterrumpida en 807 metros y su altura total en 979 metros, datos que confirmaron al Salto Ángel como la cascada más alta del planeta.

Su crónica y sus impactantes fotografías fueron publicadas en la revista National Geographic en noviembre de 1949, dando a conocer al mundo la verdadera magnitud de esta maravilla venezolana y consolidando su lugar en la historia de la exploración.



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